Las causas de los accidentes de tráfico:


Los motivos por los que se producen los accidentes de tráfico son muchos y variados. Entre ellos podemos destacar :

 La falta de atención de uno de los conductores implicados en el accidente.

 El exceso de velocidad que muchas veces hace difícil de controlar el vehículo.

 El descuido en la obligatoriedad de cumplir con las más elementales normas de conducción.

 El mal estado del vehículo: frenos, amortiguadores, ruedas, etc.

 La intervención de un tercero que hace que se produzca el accidente.

 Y muchas veces, aunque sea poco técnico, podemos decir que los accidentes se producen por auténtica mala suerte de los implicados en el siniestro.


La falta de atención:

La falta de atención de los conductores puede estar motivada por muchas causas, como el sueño, el alcoholo las drogas, el cansancio o causas ajenas al conductor que hacen que éste no preste la debida atención a la conducción.

El problema con el alcohol, drogas o cansancio es muy importante en un accidente.

Recordemos la definición de tiempo de reacción. El tiempo de reacción es aquel tiempo que pasa desde que el conductor se percata de un peligro hasta que éste reacciona al mismo.

Es evidente que si el conductor tiene afectadas sus facultades sensoriales por alguno de los motivos anteriormente citados, este tiempo de reacción aumenta. El tiempo de reacción suele estar comprendido entre los 0,6 segundos para las personas jóvenes a casi 1 segundo para las personas maduras. Si la persona no presta la debida ateción a la condición o tiene alterada sus facultades, este tiempo de reacción se puede ir a los 2 ó 3 segundos, incluso más. Si consideramos que un accidente puede suceder en dos, tres o cuatro segundos, podemos darnos cuenta de la peligrosidad que tiene la falta de atención en un siniestro.

Hay que prestar gran atención a la conducción, sobre todo cuando crucemos una carretera o adelantemos a algún vehículo. Evitar la ingesta de alcohol y la toma de drogas hace que tengamos una conducción más segura.

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El exceso de velocidad:

Hoy en día los vehículos son cada vez más potentes y alcanzan velocidades más elevadas. Esto, que por un lado es una ventaja si se sabe aprovechar respetando siempre lo establecido en el Código de Circulación, ya que nos permite realizar adelantamientos más veloces, con la ventaja que esto conlleva, es también un grave inconveniente (recordemos que el adelantamiento es uno de los momentos más críticos de la conducción).

Mayor velocidad, mayor espacio recorremos y más le cuesta al vehículo detenerse. Por ejemplo, a 120 Km/h recorremos 28 metros en 1 segundo, a 130 Km/h recorremos 36 metros en 1 segundo y a 160 Km/h recorremos 44 metros en 1 segundo. Es decir, que a 160 Km/h, la distancia que recorre el vehículo en 1 segundo es más o menos equivalente a la altura de un edificio de 17 plantas.

Si recordamos que el tiempo de reacción ante un peligro (desde que captamos el peligro y reaccionamos a él) está comprendido entre 0,6 y 1 segundo, podemos hacernos una idea del espacio que recorremos hasta que reaccionamos en el caso de que fuéramos a una velocidad elevada. Así, si por ejemplo circulamos a 120 Km/h y tardamos un tiempo de reacción medio de 0,8 segundos, recorreríamos 26 metros antes de reaccionar al peligro, mientras que si circulásemos a 160 Km/h, recorreríamos 35 metros.

Es un ejemplo de lo peligroso que es el circular a elevada velocidad: hace que recorramos más espacio antes de reaccionar, y hay ocasiones en que las distancias son vitales a la hora de producirse o no un accidente.

En la imagen, dos fotografías de un Opel Omega que circulaba a 160 Km/h. Si el vehículo hubiera circulado a la velocidad establecida en la vía, 100 Km/h, habría evitado la colisión con un camión que salía de un cruce.

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El descuido en el cumplimiento de las normas:

Este factor es obvio. La imprudencia de alguna gente que no respeta las normas provoca gran cantidad de accidentes. Adelantamientos en zonas en que no está permitido, el no respetar la velocidad establecida para la vía, la imprudencia al incorporarse por los carriles de aceleración, etc. hace que se produzcan numerosos accidentes que podrían ser evitados.

El adelantamiento en zonas prohibidas es una práctica muy peligrosa que pone en riesgo la seguridad de los conductores.

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El mal estado del vehículo:

El mal estado de algunos de los elementos del vehículo es otro factor de gran importancia. El mal estado de los amortiguadores hace que cuando se toman las curvas, el vehículo tienda a "irse" y no podamos dominarlo adecuadamente, invadiendo el carril contrario.

Con los amortiguadores en mal estado (a un 75% de su capacidad) se comprueba que la distancia de frenado se puede alargar hasta 17 metros cuando circulamos a 100 Km/h. Así mismo, a la hora de salvar un obstáculo, el vehículo se desplaza lateralmente más de lo que se le indica con la dirección, lo se hace imposible regresar al carril sin colisionar con un hipotético vehículo que circula en sentido contrario.

En cuanto a los neumáticos, el mal inflado de los mismos y el estado del dibujo son factores que influyen en el agarre del vehículo al suelo. Ésto, en el caso de que tengamos que frenar para esquivar algún obstáculo, tiene una importancia decisiva. Además, el mal dibujo de la banda de rodadura del neumático es decisivo en situaciones de lluvia, ya que estas bandas ayudan a evacuar el agua y a evitar el fenómeno del hidroplaneado.

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La intervención de un tercero:

Como ya se comentó anteriormente, hay veces que la intervención de un tercer actor en la escena del siniestro hace que se produzca el accidente. Muchas veces, este tercer actor desaparece, con lo que a la hora de resolver el siniestro las cosas se complican demasiado.

Por ejemplo, un adelantamiento en zona prohibida puede hacer que el vehículo que invade el carril contrario esté a punto de colisionar con uno, y este último, lo esquive para evitar la colisión y termine colisionando con otro vehículo. El vehículo causante del accidente (el que adelantaba incorrectamente) se da a la fuga y no hay testigos claros del accidente. Los ocupantes de los vehículos siniestrados supongamos que fallecen en el accidente... ¿Cómo probar lo que ha pasado?.

Para ello se necesita un detallado análisis del lugar del siniestro, y sobre todo, de las huellas de frenada que existen sobre el firme. Es fundamental en estos casos la rapidez, es decir, no dejar transcurrir mucho tiempo entre que sucede el accidente y el perito visita el lugar de los hechos, pues las huellas, con el paso del tiempo, desaparecen.

Como este ejemplo se pueden poner muchos más. Las intervenciones de terceros a veces son muy importantes a la hora de provocar un accidente, y hay que tenerlas en cuenta cuando queramos resolver el siniestro.

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La mala suerte:

Este factor, aunque no es muy científico, sí que podemos decir que existe. Ejemplos de mala suerte conocemos todos los que nos dedicamos al mundo de los accidentes de tráfico: abogados, ingenieros, Guardia Civil, policía, etc. Un poco de gravilla suelta en la carretera, el coche que derrapa al pisarla y se sale de la calzada colisionando con un muro... o un bache en la calzada, coche que pisa el bache, se revienta la rueda y pierde el control, y muchos casos más que podrían ocupar varias páginas.

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