Como ya se ha visto anteriormente, en un accidente intervienen una gran cantidad de energías. Ya vimos que las energías cinéticas de los vehículos se transformaban en diferentes energías después de la colisión. Ya hablamos de la complicación de evaluar una de estas energías: la energía de deformación, pero existen otras energías que también son evaluables y que no son demasiado complicadas de calcular. Dentro de estas energías, podemos destacar:
Energía disipada por el rozamiento de los neumáticos con la calzada:
Para evaluar esta energía es necesario conocer el coeficiente de rozamiento del neumático con el suelo. Este coeficiente de rozamiento adopta un valor comprendido entre 0 y 1, y depende de distintos factores, como el estado de los neumáticos y el estado del suelo.
De esta manera, con un suelo en perfecto estado de conservación y rodadura y unos neumáticos en buenas condiciones, el coeficiente de rozamiento será más o menos de 0,8, mientras que para unos neumáticos en mal estado y un firme mal conservado, este coeficiente se puede reducir a 0,4 - 0,6.
Energía disipada como consecuencia de los daños en el entorno:
Puede ser que como consecuencia de la colisión se hayan producido diversos daños en el entorno. Por ejemplo, el coche, después de la colisión, sale disparado hacia una casa y tira un muro de la misma, o bien rompe varios árboles, o choca contra una farola, etc. En estos casos se pueden emplear diversos métodos de cálculo basados en la resistencia de materiales para evaluar la energía disipada.
Otras energías: Calor producido como consecuencia de la colisión, calor desprendido por los amortiguadores, etc.
Estas energías son muy complicadas y casi imposible de evaluar. Se pueden realizar estimaciones acerca de ellas, pero advertimos que éstas serán siempre aproximaciones, y por lo tanto introduciremos inseguridades en nuestros cálculos.